martes, 27 de mayo de 2008

Zara

Pequeño cánido de dientes afilados,
guardiana por la mañana, madre por la tarde,
fría asesina en tus ratos libres, perdóname.
La ley de la naturaleza te llama,
ahora estás viva y no te volveré a ver,
lagrimas saladas caen por mi mejilla.
No me olvido de tí,
ni me olvidaré nunca.
Tu lo hubieses dado todo por mí,
y sin embargo aquí sentado
espero impotente a tu verdugo.
Llegará, y con una aguja entre sus dedos, te dirá adios.
Y yo no podré hacerlo, porque lejos de tí,
mirando una pantalla con letras negras sobre un fondo blanco,
escribo intentando aliviar mi pena,
desahogarme un poco,
decirte que te quería tanto,
que el corazón en dos se me ha partido,
en dos no, en doscientos,
y espero que llegue al cielo mi lamento,
y también al infierno,
de los perros, de las almas,
de las vidas que vuelven a la tierra,
donde plantare mil semillas,
para verte crecer de nuevo.
Y allí donde vayas, quiero que sepas,
que para mi siempre serás mi lobo mas querido,
que te recordaré siempre como lo que fuiste,
como mi guardián, mi protector,
mi compañera,
por favor, cuidame zarita.

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