Para la iglesia
Nadie conoce al mismo en el que creen.
Viven rogando y suplicando,
sin darse cuenta de que sus vidas,
más que de ese tipo,
dependen de ellos solos.
Sólo pensando en el mal,
en cuantas veces han rozado el pecado,
en si merece la pena vivir derrochando.
Y ellos. Santificando y cobrando,
envueltos en oro por abstinencia,
cuando la veracidad de su promesa
es igual a la de los políticos.
Come su pan, serás perdonado,
bebe su vino para seguir engañado,
cuéntales tus penas, se castigado,
tres avemarías y todo acabado.
Ir pagando su plaza en el cielo,
toda su preocupación.
Aumentad su fortuna...
¿Sabéis lo que os digo?
Que me cago en dios.
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