Cuándo te conocí,
eras chiquitita, un peluche negro y canela.
Poco a poco fuiste creciendo,
aprendiendo de la vida,
me llamabas, yo te enseñaba,
a defenderte, a demostrar tu poder,
a ladrar, a no fiarte de nadie,
a protegerme de todo.
Eras muy astuta,
y lo cogiste todo a la primera,
sabías dar la mano, traer los palos,
jugar con las piedras,
abrir las puertas,
sabías hacerte querer.
Te sacaba a dar paseos por el parque,
donde todos los perros te miraban,
unos asustados, otros envidiosos,
unos deseosos de sexo, otros en busca de bronca,
Todos los que pasaban a tu lado torcían la cabeza,
para seguir mirando anonadados,
ese andar tan elegante.
Te llevaron al campo,
donde te acostumbraste a la vida en la calle, sin mi.
Y cada vez que por allí aparecía,
la primera que me venía a saludar,
eras tu, saltando y llenándome de barro,
llorando de alegría.
Aunque estuvieses suelta, libre,
siempre me pedías que te diese un paseo,
y yo te los daba, mirando las estrellas tumbado,
fumándome un cigarro contigo a mi lado,
acariciándote y sin tener ni puta idea de lo que iba a pasar.
Y ocurrió, vinieron unas ovejas.
Las noches se hacían eternas,
resistiendo la tentación,
pero llegó la luna, y con ella, te convertiste en lobo.
En un lobo encantador,
que conquistaba a su presa, la manejaba,
la llevaba a donde quería y la hipnotizaba,
y en el momento oportuno, mandíbula al cuello,
sangre borbotando,
patas fragiles que se desplomaban,
lana en el viento que se lo lleva todo.
Los supervivientes fueron desalojados,
balance, un muerto y un herido por arma blanca,
de marfil,
pura, fría, poseída,
el legado de tus ancestros te robó la libertad,
y te ataron, cadena y colla,
condenada a cadena perpetua,
arrepentida, pegada al suelo se te cayeron las orejas
y por buen comportamiento fuiste absuelta,
se te perdonó, se olvidó el crimen...
Pasó un tiempo, fieste feliz corriendo por el campo,
fuiste madre adoptiva,
y le enseñaste todo lo que sabías,
a un pequeño cachorro que tanto me recuerda a tí.
Y volvieron las ovejas,
pastor fuiste, censurando el subconsciente deseo,
cuidando los corderos,
pero volvió la luna, te susurró al oido,
te recordó tu instinto,
te convenció, y sin saberlo, la volviste a cagar,
en la noche de todos los muertos.
Pensé que había llegado tu hora,
que de esta no te podría salvar,
pero sí, lo conseguí,
las ovejas volverían a su antiguo dueño,
no sois compatibles.
Ignorante pensé,
que el lobo que dentro de ti se esconde,
no volvería si las ovejas no estaban.
Pero tuviste que hacerlo,
volvió el lobo feroz que bailaba con sus corderos,
nuevo balance, el tercer muerto.
Ya no hay remedio, ya está dicho todo,
y lo que más me jode, es que no me pueda despedir,
no lo hice y lo pensé,
pero en mi interior deseaba que no ocurriera.
Ahora, lloro como un niño, como un lobo,
aúllo y me siento tan jodido,
tan triste de perder lo que más he querido.
Siempre te querré, lobito.
martes, 27 de mayo de 2008
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