martes, 27 de mayo de 2008

Muerte

Muerte


He rozado con mis labios,

los carnosos labios de la muerte.

En las noches ásperas

se me acerca, desnuda,

con esa mirada ardiente que,

hasta al mismo sol, hiela.

Todas las noches ásperas,

sueño con ella,

y al despertarme,

la veo y declaro mi amor.

Me acaricia,

con el frío de sus púrpuras pero blancas yemas,

y me asusta,

y le digo que se aleje.

Me congela con su mirada,

pero no me atrevo a acercarme.

Cada noche áspera me pregunto

¿es a mi a quien ama?

¿por qué me visita tan frecuentemente?

Ella sabe que la busco,

pero más tarde me arrepiento.

No quiero que se canse de este juego.

Tengo miedo de que se canse de este juego,

y en una de esas noches ásperas,

entre en mi cama, desnuda,

me abrace, me hiele,

y no me deje escapar,

y por fin formar parte de su nube,

de esa belleza eterna,

que a todos, absortos, deja, entre sus piernas.


FKDC. Abril de 2002

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